Educación

“Mi hijo es muy listo, es el mejor de su clase y aprende más rápido que cualquier niño de su edad. Estoy seguro de que es superdotado”. Si me hubieran dado un caramelo cada vez que he escuchado esta frase, en estos momentos tendría una dentadura postiza y mis niveles de glucosa en sangre estarían por encima de lo recomendable.

Por supuesto que es lógico pensar que nuestros hijos -o nietos- son los mejores, porque los vemos con una mirada parcial y analizamos todos y cada uno de sus gestos para intentar buscar en ellos cosas extraordinarias, pero cometemos un grave error cuando tratamos de querer convertirlos en algo que no son o cuando -por el contrario- les ponemos trabas para que no lleguen a desplegar todo su potencial por miedo a que sus compañeros los vean como “bichos raros”. Sin embargo, tan culpables son aquellos que no permiten desarrollar las habilidades de sus hijos o alumnado como quienes descartan a los estudiantes con mayores dificultades de aprendizaje.

En los últimos meses he estado trabajando, junto con un magnífico equipo de profesionales, en un proyecto dedicado a medir, comparar y fortalecer las diferentes inteligencias que posee cada individuo, teniendo como público objetivo de nuestro estudio a niños y niñas con edades comprendidas entre los 5 y los 8 años de edad. El marco de nuestra investigación nos ha permitido estar presentes en varias ferias educativas de prestigio y hemos podido probar nuestra herramienta en numerosas escuelas, por lo que hemos obtenido datos de cientos de estudiantes de toda clase y condición.

A lo largo de este tiempo han sido innumerables las cuestiones que me han llamado la atención, pero una de las más reseñables es el papel que juegan algunos padres en contra de la evolución de sus hijos. Una amplia mayoría de los mismos creen que sus descendientes están muy por encima de la media en aspectos intelectuales cuando, en la mayoría de las ocasiones y con datos objetivos en la mano, no pasan de ser niños o niñas cuyas dotes son similares a las de los demás. No obstante, esa distorsión de la realidad por parte de los adultos sitúa en sus vástagos una presión añadida con la que tendrán que convivir durante gran parte de su infancia y adolescencia.

Se buscan personas superdotadas

Si nos vamos a la definición clásica, se considera que una persona es superdotada cuando su cociente intelectual sobrepasa los 130 puntos y, según datos de la OMS, sólo el 2’3% de la población mundial está en condiciones de superar esa puntuación. Esto quiere decir que, si nos tomamos la licencia de extrapolar esos datos, en el mundo existirían alrededor de 170 millones de superdotados y en España tendríamos, según el último censo de población, en torno a 1.072.360 personas superdotadas.

Si tenemos en cuenta que en el curso 2012-2013 -últimos datos que he podido encontrar- se tenían localizados en España a un total de 12.490 superdotados, cabe preguntarse lo siguiente: ¿dónde está el millón y pico restante de superdotados?

Quizás sea muy difícil responder a esta pregunta, porque partimos de unos supuestos que no sabemos si son correctos o erróneos, pero lo que sí podemos argumentar es que ni hay tantas personas superdotadas como sostienen los “padres del mundo” ni tan pocas como las detectadas por nuestro sistema educativo.

Es posible que otro de los principales errores que cometemos al analizar la superdotación, sea que todavía no hemos llegado a un consenso claro sobre el concepto de “inteligencia”. En la mayoría de las ocasiones, vinculamos la inteligencia a la superdotación y esta, a su vez, al cociente intelectual. Sin embargo, las teorías modernas que estudian la inteligencia consideran que equiparar un alto cociente intelectual con una superdotación es un error de simplificación, ya que en una persona superdotada se tendrían que conjugar, además de una gran capacidad intelectual, altas dosis de creatividad y un alto grado de dedicación a las tareas. Es decir, se tienen que tener en cuenta aspectos cuantitativos y cualitativos.

Personalmente, la definición que más me convence en la actualidad para definir a un individuo superdotado es la del prestigioso investigador del Research Institute for Gifted Education, Joseph Renzulli: “un superdotado posee la combinación de elementos propios de un buen sistema de tratamiento de información, con una alta originalidad y pensamiento divergente, al tiempo que goza de la motivación suficiente como para garantizar la materialización de todo su potencial”.


Altas capacidades intelectuales

El hecho de que se haya popularizado en los últimos años el término altas capacidades intelectuales ha provocado que algunas personas piensen que los conceptos “superdotado” y “altas capacidades” son sinónimos, cuando en realidad no lo son. Una persona superdotada tiene altas capacidades, pero una persona con altas capacidades no necesariamente es superdotada.

El problema se ha originado porque las nuevas teorías y estudios que analizan la superdotación no se escudan únicamente en un valor absoluto (cociente intelectual), sino que consideran la inteligencia de las personas como algo relativo, por lo que tratan de medir los distintos talentos o inteligencias que atesora cada individuo comparándolos con los del resto. Esto quiere decir que una persona con un cociente intelectual por encima de los 130 puntos no tiene por qué ser superdotada si lo miramos desde una óptica actual. Por ese motivo, en los tiempos modernos debemos de ser capaces de distinguir entre los distintos tipos de altas capacidades intelectuales existentes, estas son: talento, superdotación y precocidad.

Podríamos definir el talento como la “especial capacidad intelectual o aptitud que tiene una persona para aprender o desarrollar con mucha habilidad una actividad”. Además un individuo puede no tener ningún talento o destacar en más de uno.

Para simplificar podríamos decir que un sujeto posee un talento simple cuando muestra habilidades excepcionales en alguno de los recursos cognitivos, lo que le permite ser especialmente competente en un determinado campo o temática (verbal, lógico, espacial, creativo); en caso de destacar en 2 campos diferentes (por ejemplo, verbal más matemático) estaríamos hablando de talentos múltiples y si un individuo destacase en 3 campos distintos entonces tendría talentos complejos.

En este nuevo paradigma la superdotación se alcanza únicamente cuando el individuo tiene todos sus talentos muy por encima de la media y se considera que esto ocurre cuando supera como mínimo al 75% de la población en todos y cada uno de esos talentos.

Además, estas nuevas teorías proponen que una persona no alcanza el estado de superdotación hasta que no llega a la edad adulta, alrededor de los 14 años, por lo que en la infancia, y pese a que un sujeto tenga condiciones para llegar a la superdotación, no se les puede considerar superdotados sino precoces. Esto sucede porque hay autores que sostienen que las altas capacidades pueden evolucionar o involucionar, dependiendo de factores externos y del entorno, por lo que no son estáticas y sí dinámicas.

Al hilo de esto, estoy seguro de que cualquiera que esté leyendo este artículo y haga un poco de memoria,  se acordará de algún compañero de clase del que pensaba que iba a llegar muy lejos en la vida pero que finalmente, ya fuera por su falta de ambición o de recursos, no consiguió llegar a su destino. E incluso, estrujándonos más los sesos, quizás también se nos venga a la mente una o varias personas que no parecían tener un gran potencial pero que, con gran esfuerzo y tesón, fueron capaces de cumplir sus sueños.


El potencial sin control no sirve de nada

Uno de los grandes problemas de nuestro sistema educativo es que los profesores no han sido preparados para identificar a aquellos estudiantes con altas capacidades intelectuales. No obstante, existe un segundo problema de enorme importancia y este no es otro que la falta de un plan adecuado para desarrollar esos talentos una vez que han sido detectados.

A nuestros ministros y consejeros de educación se les llena la boca hablando de la introducción en las escuelas de la “atención a la diversidad” o la “igualdad de oportunidades”, pero ambas son falacias que no por repetidas mil veces se han convertido en realidad.

Al final, al contrario que ocurría con la famosa frase del guionista David Simon -“que se joda el espectador medio”- en nuestro sistema educativo sólo nos preocupamos de los estudiantes medios, buscando una supuesta igualdad y no la equidad, sin dedicar el tiempo necesario a lo verdaderamente importante: entender los estilos de aprendizaje más adecuados para cada estudiante.

De nada sirve tener unas altas capacidades si nadie te ayuda a explotarlas y, al mismo tiempo, no podemos dejar de lado a aquellos estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje. Nadie es mejor o peor por el simple hecho de tener una mayor capacidad intelectual y ésta se puede mejorar mediante el entrenamiento y una política acertada por parte de los orientadores escolares.

Yo estoy plenamente convencido de que todas las personas tenemos al menos un talento desarrollado, sólo que en muchas ocasiones no somos conscientes o, aun siéndolo, nadie nos ha ayudado a cuidarlo y desarrollarlo. Y este suceso lo podríamos considerar como una tragedia, ya que pocas cosas puede haber más gratificantes que poder ganarnos la vida en aquello que nos apasiona y que se nos da bien.

 

Países listos, países tontos

Analizando los países con un mayor cociente intelectual, me di de bruces con unos resultados que hablan a las claras de que vivimos en un mundo estratificado.

Según un estudio de Richard Lynn y Tatu Vanhanen, los países con mayor cociente intelectual son, por este orden, Singapur (108), Corea del Sur (106) y Japón (105). Por el contrario, las naciones con menor cociente son Guinea Ecuatorial (59), Santa Lucía (62) y en un triple empate se encuentran Mozambique, Gabón y Camerún (64).

Haciendo un análisis rápido y sesgado, podríamos decir que los países asiáticos son los más “listos” del mundo mientras que los países africanos son los más “tontos”. Sin embargo, si caemos en ese error estaríamos siendo cómplices de la manipulación de los test de inteligencia, ya que en estos se incluyen preguntas donde los factores sociales o culturales en ocasiones son muy importantes y estos pueden estar influenciados por el aprendizaje previo vía preparación escolar.

Por tanto, parece claro que es un tanto absurdo medir si un niño camerunés es más o menos inteligente que una niña japonesa, ya que sus entornos y contextos son radicalmente distintos. Sólo podría sustentarse una comparación si tuvieran unas condiciones ambientales similares y, en ese caso, la genética acabaría imponiéndose.

En consecuencia, queridos padres, no tratéis de convertir a vuestros hijos en aquellos que no son y no les obliguéis a cumplir vuestros sueños inacabados. Simplemente darles el mejor entorno posible y luchad por encontrar el mejor estilo de aprendizaje para sus capacidades.

Startups

Los unicornios existen y están sobrevalorados. En los últimos años se han podido presenciar varios avistamientos de estos seres mitológicos considerados como una de las más bellas y mágicas creaciones del imaginario colectivo.

Estos bonitos caballos -caracterizados por tener un largo y poderoso cuerno en la frente- habitan principalmente entre las montañas alpinas, los calurosos desiertos, las costas nubladas y los fértiles valles del estado de California. Sin embargo, también se han dejado ver en otros ecosistemas y latitudes y ya han sido capaces de habituarse a la jungla de asfalto neoyorquina, a las frías temperaturas de los países nórdicos o a la milenaria cultura oriental. Actualmente se tienen localizados 146 ejemplares de esta especie y se están reproduciendo a gran velocidad.

A finales del año 2013, Aileen Lee, fundadora de “Cowboy Ventures” y reconocida inversora, escribió para TechCrunch un artículo que daría la vuelta al mundo: Welcome To The Unicorn Club: Learning from Billion-Dollar Startups” . En su famoso escrito Aileen bautizaba como “unicornios” a aquellas startups que, sin haber sido cotizadas y sólo con capital de inversores privados, habían logrado obtener una valoración superior al billón de dólares americano o, lo que es lo mismo, habían franqueado la barrera de los mil millones de dólares.

A partir de ese momento el término comenzó a expandirse y algunos agentes de gran prestigio internacional, como la consultora CB Insights o el Wall Street Journal, decidieron investigar y analizar detalladamente cada nuevo espécimen surgido con capacidad para convertirse en el rey de los unicornios. Al mismo tiempo, los principales fondos de capital riesgo se preparaban para ir a la caza y captura de los cuadrúpedos de moda.

¿Qué características y aspecto tienen los unicornios?

La mayor parte de los unicornios actuales poseen muy pocos activos y estos son intangibles. Por tanto, sus elevadas valoraciones dependen principalmente de la rápida escalabilidad de su modelo de negocio y de las rondas de inversión acaparadas. Muchos de los unicornios ni tan siquiera tienen un histórico positivo que pueda justificar las –desmedidas- valoraciones alcanzadas y necesitan de sucesivas rondas de inversión para mantener su estatus de ser mitológico.

En el momento en que estas startups salen a bolsa pierden su condición mágica y pasan a tener que enfrentarse al escrutinio de los mercados, al tiempo que han de compartir los focos con competidores mucho más grandes y poderosos, como Facebook, Google, Apple o Twitter, todas ellas enormes corporaciones que han cambiado su condición de unicornios por la de pegasos, lo que les permite vivir en el Olimpo de los dioses gracias a sus alas y su condición divina.

Cazadores de unicornios

Según los estudios realizados por CB Insights , la mayoría de las participaciones de todos los unicornios están repartidas solamente entre ocho fondos de inversión, siendo Sequoia Capital (con 17 startups unicornios) la gran “headhunter”, seguida de Kleiner Perkins Caufield & Byers y Andreessen Horowitz, ambos empatados con 15 unicornios en su poder.

No obstante, algunos de los unicornios más cotizados del mercado están participados por varios de los mayores fondos de capital riesgo. Este es el caso de Airbnb, la popular startup que ha recibido inversión por parte de los tres fondos mencionados anteriormente u otros poderosos inversores del bagaje de T. Rowe Price, Wellington Management o Fidelity Investments. Este dato nos permite descubrir que el unicornio no es un corcel indomable, ya que se puede dejar cabalgar por diferentes jinetes, siempre y cuando estos cumplan con todas sus necesidades.

Donde habitan los unicornios

Gracias al estudio “The Billion Dollar Startup Club” , publicado por Scott Austin, Sarah Slobin y Chris Canipe, todos ellos periodistas del WSJ, podemos conocer en tiempo real cuántos unicornios existen y en dónde viven.

Actualmente cohabitan en nuestro planeta 146 unicornios: 88 en EEUU, 40 en Asia, 16 en Europa y tan sólo 2 en otros continentes.

En el caso de EEUU, la mayor parte de ellos están presentes –faltaría más- al sur de la Bahía de San Francisco, en Silicon Valley, donde conviven Uber, Pinterest, Dropbox, Snapchat, Eventbrite, Airbnb o Evernote, entre otras. De todos modos es reseñable la irrupción de Nueva York en el ecosistema “startup”, ya que -poco a poco- se está convirtiendo en un gran rival para la atracción de talentos tecnológicos. Esto mismo sucede con Massachusetts que, gracias al MIT y el gran cartel que todavía mantiene la ciudad de Boston, es capaz de acaparar o retener algunas de las empresas tecnológicas con mayor proyección.

En el continente asiático las startups más prometedoras están –principalmente- en China (25 de 40) y en la India (8 de 40), aglutinando entre ambas el 82,5% de los unicornios totales. Los 7 restantes se encuentran en los denominados “tigres asiáticos”: Singapur (3), Corea del Sur (2), Hong Kong (1) y Taiwán (1). Pekín es la ciudad que despierta un mayor interés, seguida de Shanghai y Nueva Delhi. Xiaomi es la gran joya de la corona asiática, valorada en 46 billones de dólares y ocupando el segundo lugar a nivel mundial, sólo por detrás de Uber.

En Europa la startup mejor valorada es la sueca Spotify, con 8’5 billones de dólares. Alemania y Reino Unido, con 5 unicornios cada una, superan a Suecia (2) y Holanda, Francia, República Checa y Luxemburgo consiguen meter un representante cada una. Berlín y Londres se han convertido en los principales polos de atracción, seguidas de cerca por Estocolmo. La francesa BlaBlaCar o la británica Shazam, junto con la mencionada Spotify, son tres de las startups más conocidas del viejo continente.

Israel, representada por IronSource, y Canadá, gracias a Kik Interactive, cierran la terna de países considerados como los grandes centros de innovación.

En España no tenemos unicornios aunque podríamos decir que, en su momento, la difunta Gowex llegó a tener esa condición, inflada por valoraciones desproporcionadas. Pese a todo, sí que hemos tenido grandes caballos de raza, como Softonic, Privalia o Jobandtalent y en los últimos tiempos han surgido algunos candidatos que podrían tener alguna mínima opción de llegar al estrellato. Wallapop se postula como uno de los grandes aspirantes, aunque la enorme disparidad que se da en las valoraciones americanas y europeas y el hecho de que en EEUU haya 14 veces más capital disponible que en Europa, hacen muy difícil la empresa.

Las cucarachas heredarán la tierra

El 30 de septiembre de 2015, tan sólo dos años después del artículo de Aileen Lee para TechCrunch, la co-fundadora de Flickr y exitosa emprendedora Caterina Fake, escribió en Medium “The Age of the Cockroach” , un relato corto en el que aventuraba que el mundo sería conquistado por las cucarachas y donde los unicornios tendrían los días contados.

Caterina defendía en su escrito que está cerca de producirse la próxima burbuja puntocom y cuando se produzca el estallido desaparecerán los unicornios y sólo sobrevivirán aquellas especies que mejor se adapten a los cambios y a la selección natural: las cucarachas.

Es por este motivo que algunos términos olvidados, como la viabilidad, la capacidad de los equipos, la rentabilidad o las cifras de facturación volverán a ganar peso en detrimento de la magia y los seres mitológicos. Por todo ello, durante el gran reinicio, los mercados volverán a ganar en importancia e invertirán en aquellas startups compuestas por equipos que tengan la capacidad de sobrevivir sin importar el contexto en el que se encuentren.

“A los elefantes les cuesta mucho adaptarse, las cucarachas sobreviven a todo.” (Peter Drucker)

Tech World

“Hago Periscope porque la prensa emite lo que quiere”. Estas palabras de Gerard Piqué, unidas a un vídeo en el que una de sus fans le asaltaba en pleno directo, han desatado en los últimos días una serie de profundas reacciones en cadena tanto en el mundo del fútbol como del deporte en general.

Algunos de los estamentos deportivos más importantes a nivel mundial, como la LFP, la UEFA o el COI han manifestado, de forma más o menos clara, su intención de prohibir Periscope -o cualquier otra app de emisión de vídeo en streaming- durante el desarrollo de las principales competiciones deportivas.

El COI (Comité Olímpico Internacional), en alusión a los Juegos Olímpicos que tendrán lugar el próximo verano en Río de Janeiro, ha declarado que “estará prohibida dentro de las sedes olímpicas la transmisión de imágenes con aplicaciones de ‘streaming’ en directo, como por ejemplo Periscope o Meerkat”. Sólo permitirán a los deportistas grabar en vídeo para su propio uso personal, sin poder compartir este en ningún medio online. Al mismo tiempo, la UEFA también ha decidido restringir este tipo de aplicaciones dentro del marco de la inminente Eurocopa 2016 que comenzará en Francia el próximo 10 de junio.

Por tanto, cabe preguntarse cuáles son los motivos por los que estos poderosos organismos tienen tanto miedo del uso de Periscope durante sus competiciones.

¿Qué es Periscope?

Periscope, lanzada el 16 de marzo de 2015, es una app móvil propiedad de Twitter que permite a su emisor compartir vídeos en tiempo real y a sus receptores realizar comentarios en directo a través de un chat. Pese a su corta vida -mañana se cumplirá un año desde su lanzamiento- su irrupción ha sido meteórica gracias al apoyo de su empresa matriz, Twitter,  ya que en los diez días posteriores a su lanzamiento acumulaba más de un millón de usuarios y los últimos datos publicados por la empresa del pajarito azul estiman que en Periscope se consume a diario una cantidad de vídeo equivalente a 40 años.

Uno de los principales motivos por los que Periscope está siendo un éxito es debido a su fácil manejo e inmediatez. Su curva de aprendizaje es muy corta y, al igual que ocurre con Instagram o Vine, es una plataforma en la que prima la generación y consumo de contenidos efímeros. Las redes sociales que están triunfando actualmente son redes sociales espontáneas y cuya usabilidad es sencilla e intuitiva, lo que permite que casi cualquier usuario pueda utilizarlas y comprenderlas con facilidad.  Con Periscope cualquiera puede ser reportero y puede retransmitir cualquier cosa en cualquier momento, sin editar, en crudo.

Por mi parte, tengo que confesar que en el caso de Periscope he sido un “early adopter” ya que me la descargué al poco de su salida aunque he de decir que, si bien me parecía un concepto al que le veía bastante futuro, no he comenzado a usarla de manera regular hasta hace un par de meses. Actualmente no soy generador de contenido de la plataforma (sólo he realizado dos vídeos sin ningún tipo de fundamento), pero sí que se me puede considerar un “voyeur”, ya que vigilo los contenidos desde mi “smartphone” indiscreto. En estas últimas semanas he seguido en directo desde un mitin de Bernie Sanders o Lilian Tintori hasta una pelea de lucha grecorromana de una universidad americana, pasando por un concierto de jazz o lo que ocurre entre bambalinas en el informativo de Antena 3. No obstante, por el camino me he encontrado con “canis” valencianos que retransmiten su botellón del sábado noche o personajes turbios que piensan que Periscope es una “sex cam”. Como en todas las redes sociales, en Periscope hay todo tipo de contenidos e influencers y nuestra tarea es encontrar aquellos que nos resulten más interesantes.

Entonces, ¿por qué tienen miedo a Periscope?

El primer gran evento que se retransmitió vía Periscope fue la pelea del pasado año entre Manny Pacquiao y Floyd Mayweather, uno de los grandes acontecimientos a nivel mediático del último lustro, al menos en cuanto a trascendencia. Una vez terminado el combate, algunas de las cuentas que emitieron en directo el mismo fueron cerradas por infringir derechos de copyright. Sin embargo, el supuesto daño ya estaba hecho ya que el “irrepetible” acontecimiento ya había terminado y algunas personas lo habían emitido o seguido por este canal.

Puede que Periscope sea el próximo gran enemigo de los eventos deportivos, ya que es más difícil de controlar que la extinta Roja Directa, debido a que no se trata de una web que emite un contenido, sino que ese mismo contenido puede estar siendo replicado por decenas o centenares de usuarios desde sus propios dispositivos, imposibles de identificar al mismo tiempo. Del mismo modo que es inconcebible pensar que se puedan controlar las fotos que una persona sube de un partido de fútbol a Facebook, Twitter o Instagram, podríamos argumentar que Periscope es igualmente indetectable.

Es cierto que todavía la calidad del vídeo en streaming tiene que mejorar, pero en algunas de las retransmisiones esta es más que suficiente para el usuario medio. Teniendo en cuenta que hay personas que son capaces de ver una película pixelada y con un pésimo audio, es más que evidente que la calidad, que con el tiempo mejorará, no será un impedimento para la popularidad y penetración de estas herramientas.

En mi caso, reconozco que desde hace tiempo sigo determinados acontecimientos deportivos vía Twitter -especialmente partidos de fútbol- y que, cuando quiero ver los goles de la jornada, no espero a que los emitan en el informativo de turno o ni tan siguiera en Youtube, sino que rastreo a través del buscador de Twitter o los hashtags para encontrar Vines donde poder ver la última genialidad de Messi o Cristiano Ronaldo, el último punto de Carolina Marín para proclamarse campeona del mundo o el triple con el que Stephen Curry ajustició a los Oklahoma City Thunder. Y el motivo por el que utilizo Vine (empresa también propiedad de Twitter) es por su inmediatez.

Si hay día de hoy podemos decir que lo que en Facebook es noticia, en Twitter es historia; también podemos argumentar eso mismo sobre Vine y Youtube y en breve ambas redes se verán eclipsadas en la inmediatez por Periscope u otras redes similares. Ya no estamos en la época de la noticia al minuto, ni tan siquiera al segundo, estamos dentro de la noticia, en tiempo real. La vida en directo, el gran hermano ha llegado para quedarse.

Y esta es la principal cuestión que preocupa a los altos estamentos deportivos, el no poder controlar toda esa información por la que cobran ingentes cantidades de dinero por parte de patrocinadores y televisiones de todo el mundo. Por ese motivo, en el último Mundial de fútbol disputado en Brasil 2014, la FIFA intentó eliminar cuentas de Vine dedicadas a emitir en bucle algunos de los goles, ya que les restaba una enorme audiencia global y, evidentemente, atentaba contra sus relaciones con las principales cadenas televisivas.

Todo esto me hace pensar que se hace evidente una legislación que trate de regular todo esto, donde estoy seguro que los clubes y las cadenas de televisión tendrán mucho que decir al respecto. Sin embargo, internet nos ha enseñado una y otra vez que no se le puede poner puertas al campo. Nunca van a poder controlar los 30.000 smartphones que se dan cita en el Madison Square Garden o los miles de asistentes que acuden a la Madrid Fashion Week o los millones de personas con sus teléfonos móviles en el bolsillo que han acudido al cine a ver la última de Star Wars.

Por último, subyacen dos preguntas sobre las que se puede generar un gran debate. Por una parte, ¿hasta qué punto no tengo la autoría de los derechos de reproducción sobre algo que estoy retransmitiendo yo mismo? No es lo mismo coger el contenido de un tercero y compartirlo que grabar en primera persona un acontecimiento y luego viralizarlo. Por otra parte, ¿qué ocurre con los personajes secundarios de nuestras grabaciones? Es decir, qué pasa con aquellas personas que salen involuntariamente en una de nuestras emisiones sin ser conscientes de que pueden estar siendo observadas por miles de personas de cualquier parte del mundo.

Lo cierto es que, por muchas vueltas que le he dado, sigo sin tener una respuesta al respecto, lo único que tengo claro es que, citando la crítica que la revista TIME hizo sobre la novela “1.984” de George Orwell, “El Gran Hermano ya está aquí y somos nosotros mismos”.

Tech World

En los últimos 200 años la población mundial se ha multiplicado por 7 y las previsiones indican que seguirá creciendo de forma exponencial. Si bien hubo que esperar hasta principios del siglo XIX para llegar al primer billón de personas conviviendo en el planeta tierra, actualmente -según datos recientes de Naciones Unidas- nuestro planeta está ocupado por 7.376 millones de personas. Sin embargo, y aunque pueda resultar paradójico, nunca en la historia de la humanidad el mundo había sido tan pequeño como lo demuestra la obsolescencia de la teoría de los 6 grados de separación.

En 1.929, el escritor húngaro Frigyes Karinthy escribió un relato corto llamado “Chains” que intentaba explicar la siguiente idea: “partiendo de un pequeño número de contactos se puede ir construyendo una cadena de crecimiento exponencial que puede llegar a conectar a la humanidad entera”.

Sobre la base de este cuento, el psicólogo estadounidense Stanley Milgram decidió hacer un experimento llamado “El problema del pequeño mundopara saber si realmente la tesis de Karinthy tenía algún tipo de fundamento. Así es como en 1.967 Milgram seleccionó a varias personas al azar y les pidió que enviasen una carta a una persona desconocida para ellos que se encontraba a miles de kilómetros de distancia, en el estado de Massachusetts.

Para que la carta pudiese llegar a su destinatario final, los remitentes sólo conocían el nombre y la profesión de su objetivo, así como la localización aproximada. La principal condición a cumplir -para no corromper el experimento- era que tenía que haber uno o varios intermediarios antes de que la postal llegase a la persona correcta. De este modo, se establecía una “cadena de favores” en la que cada uno de los remitentes tenía que seleccionar a una persona de su confianza que pudiese tener posibilidades de hacer llegar la carta al objetivo o, en su defecto, a otro intermediario que sí pudiera tener acceso al último eslabón.

La prueba arrojó unos resultados asombrosos ya que, en contra de lo que se creía en un comienzo, no se necesitaron centenares o decenas de intermediarios para hacer entrega de los avisos, sino que el promedio de personas involucradas -en aquellos casos exitosos- se estableció entre las 5 y las 7 personas, lo que dio origen a la frase de los 6 grados de separación.

Años más tarde, en 1.990, el poeta John Guare popularizó el término “6 grados de separación”, debido a que tituló de ese modo una de sus principales obras y permitió que se comenzase a extender entre la cultura popular la tésis que promulgaba que todos estábamos conectados por unos pocos eslabones.

Ya a principios del siglo XXI el sociólogo y reputado científico Duncan J. Watts publicó su libro “Six degrees: The science of a connected age” (2.003), en el que trataba de explicar la teoría de redes según la cual todos estamos conectados de alguna manera y cómo la influencia de Internet, las redes sociales y las nuevas tecnologías podrían acortar los grados de separación en un futuro cercano.

La cuestión es que, en pleno 2.016, podemos decir que ese futuro ya ha llegado y las redes sociales han acelerado enormemente el proceso de conexión global hasta el punto de que la teoría de los seis grados de separación ha quedado completamente obsoleta y los grados necesarios se han reducido a menos de cuatro en determinados contextos.

En 2.011 las universidades de Cornell y Milán realizaron un estudio conjunto analizando el número medio de intermediarios  necesarios para conectar a cada uno de los 721 millones de usuarios que Facebook tenía por aquel entonces (y que representaban algo más del 10% de la población mundial) y lo denominaron “Anatomy of Facebook”. Gracias a este estudio se dieron cuenta de que, una vez excluidas las celebrities y famosos, la cadena se había reducido a sólo 3,75 eslabones.

Tan sólo cinco años después, el pasado 4 de febrero, Facebook cumplió su duodécimo aniversario y para celebrarlo lanzó el “Día de los amigos” bajo el hashtag #FriendsDay. Ese mismo día publicó un estudio muy interesante  que reducía todavía más el número de eslabones necesarios y los situaba en los 3’57 de media para conectar los más de 1.590 millones de usuarios activos que posee en la actualidad (cerca del 22% de la población mundial, una muestra que comienza a ser bastante representativa).

A nivel estadístico, la moda de esa muestra es de 3’4 personas y la media de eslabones necesarios oscila entre los 2’8 de mínima y los 4’7 de máxima. Como curiosidad, en ese mismo enlace podéis comprobar cuáles son vuestros grados de separación. En mi caso estoy unido a cualquier usuario de Facebook por una media de 3’07 usuarios mientras que Mark Zuckerberg necesita 3’17 eslabones de media según indica el propio informe.

No obstante, es importante decir al respecto de este experimento que, por ejemplo, en Asia conviven 4’5 billones de personas, cuando en Facebook “sólo” 253 millones de sus usuarios provienen de este continente. Esto quiere decir que sólo tiene un perfil activo en Facebook el 5% de la población asiática pero, sin embargo, en Europa asciende al 33% (uno de cada 3 europeos tiene Facebook) y si sumamos los perfiles de EEUU y Canadá obtenemos que el  44% de su población conjunta utiliza Facebook diariamente. Por tanto, dependiendo de cuál sea nuestro origen o lugar de residencia y el índice de penetración de Facebook en nuestro país o continente, podemos decir que estas variables afectarán bastante al resultado de nuestros grados de separación.

Aún así, no solamente Facebook juega con la teoría del pequeño mundo y los grados necesarios. Otras redes sociales o profesionales como Linkedin juegan esta baza con gran acierto, ya que una de sus principales señas de identidad es la utilización de los 3 primeros grados de conexión para realizar una estimación al respecto de con cuántas personas estamos unidos, permitiéndonos la opción de contactar de forma directa o mediante la “ayuda” de un intermediario con cualquier usuario que se encuentre en una cadena de tres eslabones como tope. En mi caso, mis 2.648 contactos de primer grado me unen a 1.412.527 personas distintas en un segundo grado, lo que habla a las claras de la potencialidad de dicha herramienta.

Como conclusión podemos argumentar que la teoría de los 6 grados de separación es relativa y que su cumplimiento o incumplimiento dependerá de la carrera entre el crecimiento de la población mundial y el acceso a las nuevas tecnologías y formas de comunicación entre los países menos desarrollados, así como de la huella digital que haya dejado cada individuo. No tiene el mismo grado de dificultad conectar con un gurú de las nuevas tecnologías, un actor de Hollywood o una famosa cantante, que hacerlo con un pastor de una comunidad del África subsahariana.

Lo que sí podemos decir es que la disrupción provocada por las nuevas formas de comunicación nos ha permito convertir en un pañuelo un mundo que crece a velocidad de vértigo.

Disruptores

20 de octubre de 1.968, Estadio Olímpico Universitario (Ciudad de México). Trece atletas se disputan la medalla de oro en la final de salto de altura. Mientras tanto en las gradas reina un silencio sepulcral, como si fuera el preludio de una de las grandes gestas de la historia del atletismo y del deporte olímpico.

Los 83.700 espectadores congregados en el estadio están pendientes de un estadounidense, oriundo de Oregón, llamado Richard Douglas Fosbury. Richard, más conocido como Dick, sabe que tiene que hacer el mejor salto de su vida si quiere tener opciones de ganar la medalla de oro.

Toda la presión está encima de sus hombros, los mismos que, en caso de derribar el listón, pueden dar al traste con todas sus horas de entrenamiento. Dick no puede fallar, se la juega al todo o nada. Si falla tendrá que seguir escuchando las risas de sus compañeros de entrenamiento; en cambio, si logra superar el listón establecerá un nuevo récord olímpico y pasará a ser una leyenda.

Dick aprieta sus puños para liberar la tensión, se atusa el dorsal nº 272 y destina unos segundos para santiguarse buscando la ayuda divina. La suerte está echada, así que Fosbury coge carrerilla, se impulsa sobre sus zapatillas Adidas, arquea la espalda y supera el listón situado a una altura de 2,24 metros, lo que le convierte en campeón olímpico a los 21 años, mejorando así los 2,22 metros de su compatriota Edward Caruthers, medalla de plata, y los 2,20 metros del gran favorito hasta entonces, el ruso Valentín Gavrilov, quien tendrá que conformarse con el tercer cajón del podio.


Esta situación podría parecer una gesta más de tantas otras que se dieron en los Juegos Olímpicos de México 68, como el salto estratosférico de Bob Beamon (8,90 metros) en el foso de longitud o la primera vez en la historia que el ser humano bajaba de la barrera de los 10 segundos en la prueba de los 100 metros lisos y de los 20 segundos en la de 200 metros.

Sin embargo, el asombroso salto de Dick Fosbury no era una proeza como las demás, era la demostración de que -a través de la innovación- se pueden superar todo tipo de barreras tanto físicas como figuradas y, gracias a la disrupción, se puede pasar a la posteridad.

Hasta ese 20 de octubre de 1.968, todos los atletas que competían en el salto de altura utilizaban una mecánica de salto que consistía en tratar de superar el listón corriendo de frente al mismo, es decir, saltaban hacia delante, no de espaldas.

Al contrario que el resto de sus competidores, quizás a sabiendas de sus limitaciones físicas, Dick había inventado una nueva forma de saltar, de espaldas al listón, que sólo era utilizada y conocida por él mismo. Esta mecánica de salto hoy en día es conocida como el “Fosbury Flop”.

Ya por aquel entonces, sus compañeros y entrenadores decían que Fosbury no era el que más saltaba e incluso que era uno de los atletas que menos distancia lograba alcanzar en el aire entre la suela de sus deportivas y el suelo. Por tanto, se podría decir que Dick Fosbury no tenía mejores condiciones que sus competidores para el atletismo e incluso atentaba directamente contra el famoso lema olímpico pronunciado por el barón Pierre de Coubertin en los primeros juegos olímpicos de la era moderna (Atenas, 1.896) y que contenía 3 palabras que hoy día siguen siendo santo y seña olímpica: “citius, altius, fortius”.

Entonces, si Dick no era el más rápido ni el más alto ni el más fuerte, ¿por qué fue capaz de ganar a todos sus adversarios?

Dick Fosbury ganó gracias a su perseverancia y su pensamiento “outside the box”, demostró que algunas de las barreras que nos ponemos nosotros mismos son imaginarias y que se pueden sortear con la ayuda de la creatividad y el esfuerzo. Fosbury no fue esclavo del “qué dirán”, incluso cuando se reían de él siguió manteniendo su estilo y persistió en el empeño. Los mismos que meses antes le llamaban loco, después de su triunfo le llamaron héroe.

No obstante Fosbury cometió un grave error, ya que presentó su ventaja competitiva ante 70.000 espectadores y las cámaras de todo el mundo. Quizás no tenía otra opción si quería ganar y México podía ser su única oportunidad de alcanzar la gloria olímpica, pero a partir de ese momento su técnica comenzó a popularizarse y, pese a su victoria en 1.968, Dick no pudo siquiera clasificarse para los Juegos Olímpicos de Múnich 1.972, lo que le llevó a dejar de competir tan sólo cuatro años después de su gran gesta.

Pese a su temprana retirada, su genialidad le permitió pasar a la historia sin superar el récord del mundo o realizar una carrera longeva, ya que hoy día todos los saltadores del mundo saltan de espaldas al listón y el “Fosbury Flop” es la única técnica del atletismo que es conocida por el nombre de su creador.

En la actualidad el poseedor del récord del mundo en salto de altura es Javier Sotomayor, considerado el mejor atleta de la historia en esta disciplina, quien fue capaz de franquear los 2,45 metros (nada más y nada menos que 21 centímetros más que Fosbury) el 27 de julio de 1.993, en Salamanca.

Dentro de unos meses, el 16 de agosto de 2016, a las 20:30 horas, se disputará la final de salto de altura de los JJOO de Río de Janeiro. Todavía es pronto para saber quién se colgará la medalla de oro, pero lo que sí sabemos con seguridad es que lo hará tras haber utilizado el “Fosbury Flop”. Por ese motivo Dick siempre será eterno.

La Innovación es hacer las mismas cosas de siempre implementando mejoras. La disrupción se alcanza haciendo nuevas cosas que convierten a las antiguas en obsoletas.